domingo, 17 de enero de 2010

CUENTO --- ISLA DESIERTA BUSCA NAUFRAGO


ESTE CUENTO NO ES MIO. LO ACABO DE LEER EN LA RED Y ME HA PARECIDO QUE INVITA A REFLXIONAR. AL MENOS A MI ME HA LLEGADO AL CORAZON. ESPERO OS GUSTE. BESOS..


ISLA DESIERTA BUSCA NAUFRAGO


Había una vez una isla desierta. Bueno, en realidad no estaba desierta….. aunque ella muchas veces se sentía así.Se intuía incomunicada del resto de los elementos que integraban el pequeño mundo que la rodeaba.Formaba parte de un hermoso archipiélago que hipnotizaba el océano con una belleza natural extraordinaria. Pero a pesar de ello, la isla no se sentía plenamente integrada en aquella visión y seguía notando un gran desapego esencial con todo cuánto la rodeaba.En ocasiones pensaba que ser una mas entre las demás islas, hacía que se viese más pequeña y con relativa frecuencia se notaba perdida frente al resto de sus compañeras de paisaje e incapaz de desarrollar la posibilidad de albergar en ella a ningún posible náufrago. Esto era así porque ya había tenido una experiencia al respecto que no había resultado bien, y también porque creía que desde la posición en la que se encontraba entre las otras islas, le sería muy difícil conseguir que algún náufrago arribara a sus orillas puesto que ellos solían llegar con más facilidad a las islas exteriores que a las interiores.A veces intentaba rememorar aquella lejana ocasión en la que había albergado durante mucho tiempo a aquel visitante.Al principio ella se encontraba feliz a pesar de que en la época en la que él llego a su playa, tuvieron que soportar juntos muchos tornados, tormentas terribles y hasta las pequeñas consecuencias de algún leve maremoto..Luego de un tiempo de convivencia, su visitante comenzó a demostrar indicios de un comportamiento algo primitivo para ella y veía con la estampa del recuerdo ,cómo con frecuencia él se dedicaba a arrancar todas las palmeras que empezaban a crecer por encima de su estatura, sin fijarse en lo hermosas que podían llegar a ser si alcanzaban una buena altura, la sombra agradable que podían ofrecerle y sin valorar que los frutos que de ellas surgían podrían haberle proporcionado un verdadera provisión de inmensas posibilidades que habrían conseguido que su vida en la isla hubiese resultado una experiencia mejor.Aunque tener un náufrago no era como ella había imaginado, intentó sacar de la experiencia su mejor partido y sentirse siempre agradecida de tener alguien a quien cuidar y proteger y que también en ocasiones mirara por ella...A veces sucedia que el náufrago se aislaba y al percibir esto, la isla le intentaba traer algo de aire fresquito para animarlo de los calores estivales. Pero él contestaba con un gruñido y encendía una hoguera en algún rincón de ella cuando más seco era el tiempo , haciéndola temer por su propia seguridad.Otras veces era ella, la que se enojaba por no soportar ver cómo él intentaba llegar a lo más oculto de las grutas de las montañas que había dispersas en su paisaje...A medido que el tiempo fue pasando y el camino recorrido se fue alargando, él y ella se volvieron menos comunicativos. Ya apenas se contaban lo que pensaban, ni compartían proyectos comunes para mejorar el entorno de su paraíso. Ya ni siquiera sentían gusto por aprender el uno del otro , pues cuando intentaban conversar sobre algo nunca llegaban a acuerdos y al final acababan disgustados , lo que hizo que poco a poco la distancia entre ambos se hiciera cada vez más insalvable.Una cosa llevó a la otra y así fue como llegaron a un punto en el que dejaron de mirarse con agrado y tuvieron que enfrentar la realidad: Ya no se sentían nada a gusto el uno con la otra, y que nada en ellos había congeniado del todo.Un día la isla tuvo que ver marcharse a su náufrago y, aunque todas las despedidas son tristes, se sintió grandemente aliviada porque tomaran caminos diferentes...
No había pasado mucho tiempo , cuando recibió en las arenas de su playa una botella con un mensaje dentro, era de su náufrago que le pedía permiso para desembarcar de nuevo en su playa. La isla, no por orgullo sino en conciencia , no otorgó ese permiso. Ella sabía que aquella aventura conjunta ya se había terminado, que tanto él como ella debían servir a fines diferentes....Después de esta experiencia y al principio, la isla no quería alojar jamás a otro náufrago en ella, aunque con el tiempo empezó a imaginar la hipotética llegada de alguno. No sabía muy bien que clase de náufrago quería para que viviera en ella, sólo sabía dos cosas: i) que no le había gustado del todo lo que había vivido hasta ese momento ii) que sensaciones agradables deseaba recuperar , aunque fuese de un modo distinto.Las inquietudes del principio por llenar rápidamente su isla de movimiento, pasaron a transformarse lentamente con el tiempo en una mayor tranquilidad y seguridad interior. El pasado, no puede ser un lastre en la vida de una isla pero siempre deja enseñanzas que pueden mejorar la vida evitándoles cometer los mismos errores.Aunque hubo botellas de otros náufragos que llegaban a las orillas de los acantilados, cuando la isla las leía, se daba cuenta que ella sólo podía ofrecerles cobijo temporal ante una tormenta, o protección del sol por tiempo determinado. Los miraba y comprendía que no eran los náufragos que ella esperaba, ni ella la isla que ellos necesitaban y no los dejaba quedarse más de lo estrictamente necesario , ni les otorgaba los privilegios que había tenido con aquel que fuera su único náufrago.Con el tiempo pensó que se estaba volviendo una isla muy exigente y que así no sería podía renunciar a lo que ahora era ,sólo por no querer vivir momentos de soledad, y empezó a valorar lo que estaba resurgiendo gracias al tiempo.Se miró a sí misma y se dio cuenta que durante este proceso de espera, ella se había convertido en un maravilloso vergel en el que predominaban palmeras de enormes dimensiones y con unos frutos que parecían deliciosos. Esto la animó a seguir esperando la llegada de un náufrago que realmente hubiese estado esperando una isla como ella , porque él sabría apreciar verdaderamente todo lo que había estado guardando durante tanto tiempo.Al día de hoy, esa isla sigue esperando, pero ya no se siente desierta, ha aprendido a leer en las estrellas y conoce mejor los preciosos rincones que posee a los cuales cuida y conserva hasta que llegue el día en el que otro náufrago arribe a sus playas y la ayude a descubrirse aún mejor.
COMENTARIO:
¿Alguna vez viviste algo parecido?



Seguidores